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La ceramista Maria Bofill abre un nuevo año de exposiciones
12 / 01 / 2018

El Museo de Montserrat presentará este año 2018 cinco exposiciones temporales, con las que pretendemos ofrecer un complemento de calidad a la colección permanente, destacando a artistas del panorama actual o bien homenajeando a figuras ilustres ya fallecidas. Este año nos fijamos en la obra de tres mujeres: la veterana ceramista Maria Bofill y la jovencísima fotógrafa Andrea Torres. La tercera es Maria Girona, vista en clave de pareja con Albert Ràfols-Casamada, en la que será la apuesta más relevante de esta temporada. 2018 será también en Montserrat un año de escultores con mucha personalidad, Enrique Asensi y Salvador Juanpere.


MARIA BOFILL (Barcelona, 1937) se ha centrado en la montaña, teniendo siempre en mente la de Montserrat, la montaña de su vida porque es la de su país, o sea, la de su paisaje y por eso es la de su alma. Bofill nos ofrecerá montañas de cerámica; algunas son literales, miniaturas de montañas en porcelana o en gres; otras recogen el sentido de las montañas pero a través de otras formas (como los capiteles o las nubes). Las montañas del alma de Maria Bofill son espacios para contener nuestro espíritu, protegerlo y alimentarlo en nuestro caminar vital. No son espacios para contemplar ni para manipular sino para habitar, para recorrer, si bien no con los pies, sino con la imaginación. El comisariado de Anna Pujadas, directora de la Escuela Eina de Barcelona, ha contado con el apoyo de un equipo de diseñadores e interioristas que hará lucir la obra esencial de Bofill.


ENRIQUE ASENSI (Valencia, 1950) protagonizará la exposición central de este verano en la Sala Daura. La muestra, comisariada por la crítica de arte Aina Mercader, quiere ser una aproximación a la abstracción geométrica de Asensi, que flirtea también con gestos pictóricos. El visitante podrá ver una selección de sus volúmenes contundentes de piedra y hierro, muchos erigidos a modo de tótems, que recuerdan a construcciones como menhires o zigurats. En algunos casos, las grietas en la piedra o el hierro, pequeñas aperturas como aspilleras, transforman las esculturas en puertas. Asensi siempre trabaja con hierro “corten”, un material de tonalidades amarronadas. Pero en la cantera elije la pieza según las diferentes pigmentaciones. Algunas losas pueden convertirse –con mayor o menor intervención del cincel– en lo que él denomina “obras de pared”. A menudo combinadas con acero, y apoyadas sobre un muro, se convierten en sugerentes esculturas pictóricas. Paralelamente, el escultor pinta con cera caliente cuadros que funcionan autónomamente pero que, a veces, resultan ser bocetos para futuros monumentos.


ANDREA TORRES BALAGUER (Barcelona, 1990) ha alcanzado, a pesar de su juventud, una buena aceptación por parte del público. Sus fotografías, de un surrealismo contenido, bañadas de una luz lateral y difusa que da al conjunto de su obra auras de misterio, se inspiran en la pintura barroca. No deja composición alguna en manos del azar. Torres Balaguer, con resonancias de Magritte, Vermeer o Leibovitz, crea una realidad calculada –al límite entre la realidad y la ficción– dónde todos los elementos presentes evocan a través del símbolo algo mucho más profundo y con voluntad de trascendencia. Simbología, feminidad, realidad y sueño se conjugarán en el Espacio de Arte Pere Pruna del Museo de Montserrat en esta muestra –comisariada por Bernat Puigdollers– para adentrarse en el mundo misterioso e íntimo de las fotografías de Torres Balaguer. 


ALBERT RÀFOLS CASAMADA (Barcelona, 1923-2009) y MARIA GIRONA (Barcelona, 1923-2015) pertenecen a la generación de artistas formada durante los primeros años de la posguerra. Los dos, en este contexto difícil y poco estimulante del primer franquismo, lucharon, junto con muchos otros artistas de su generación, para dinamizarlo y construir un ambiente cultural moderno y libre. Esta exposición profundizará en algunas de las iniciativas más relevantes de su trayectoria artística –la fundación del grupo “Els Vuit”, los Salones de Octubre, la fundación de la Escuela Eina, etc.–, sin olvidar hechos vitales comunes como el viaje de estudios a París, becado por el Instituto Francés, o los veranos pasados en Calaceite y Cadaqués, reflejo de dos vidas complementarias. La exposición incide en sus inicios artísticos y se adentra en una vida en común dedicada al arte, sin obviar las relaciones y conexiones de sus obras, aparentemente opuestas, divergentes, pero a su vez íntimamente unidas. Esta exposición quiere ser además una reivindicación de la obra y la figura de Maria Girona, normalmente en segundo plano, que, además de conrear una obra propia y de calidad, también jugó un papel decisivo en todo este proceso de renovación del arte de posguerra. Bernat Puigdollers dirige este proyecto, el más ambicioso de la programación de este año en el Museo de Montserrat.   


SALVADOR JUANPERE (Reus, 1953) es un destacado escultor de la escena artística catalana que ha desarrollado un singular lenguaje entorno al oficio del escultor. Se sirve de un gran virtuosismo técnico que le conecta con las tradiciones clásicas, precisamente para situar conceptualmente el trabajo escultórico en un estado de suspensión respecto al humanismo que le caracterizó en periodos precedentes. En este proceso finalista, fastidioso, que habría alcanzado la modernidad escultórica a finales del s. XX, el artista reactiva amorosamente y a la vez críticamente lo que le ha constituido por dentro: los pedestales, las herramientas, los recursos de la estatutaria, los utensilios para transportarla, los materiales sobrantes… todos ellos son reproducidos literalmente con materiales duros (mármol, hierro, acero, piedra, hormigón o bronce). Las palabras son, para él, un importante soporte de plasticidad viva que convive de forma natural con la materia escultórica, en intrincados juegos de reflexión que implican y comprometen intensamente al espectador. Podremos ver una buena muestra de su creación en esta exposición que cerrará el año, con el comisariado de Teresa Blanch.