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Remodelación de la entrada y vestíbulo del Museo
05 / 07 / 2019

Esta primavera hemos finalizado la reforma del vestíbulo del Museo de Montserrat, un proyecto perseguido desde hace tiempo que ha permitido mejorar –parcialmente– la fisonomía y el acceso al Museo para hacerlo más atractivo para el visitante. La nueva entrada inaugurada el año 2004 quedó a medias. En este 2019 toma una nueva dimensión gracias, sobre todo, a la restauración del conjunto de modelos de yeso del escultor Joan Rebull y su instalación en la pared de las escaleras de acceso del Museo, en diálogo con las esculturas que presiden la fachada del monasterio.


La colocación de estas obras otorga una presencia más solemne y artística a la entrada del Museo, a la vez que lo vincula con más fuerza con el monasterio. La historia de estas figuras se remonta a los tiempos del Abad Aureli M. Escarré, que encargó al arquitecto Francesc Folguera en 1941 la fachada urbana de la Abadía de Montserrat y quiso que ahí se plasmaran los valores vertebradores de la misión histórica de Montserrat: la fe y el país. La arcada central está dedicada a la Virgen Asunta; la de la izquierda es la de San Benito, ya que Montserrat es una abadía benedictina generadora de fe y cultura; la de la derecha manifiesta el patronazgo de San Jorge sobre Cataluña. El arquitecto propuso al artista Joan Rebull la ejecución de la parte escultórica de la fachada y para motivarlo le dijo que tenía que ser el “Partenón de Cataluña”. Rebull asumió la metáfora y dispuso sobre la balconada tres frisos (entre 1955 y 1960) que representan un desfile de monjes benedictinos, con la limpieza de líneas y la euritmia parsimoniosa de movimientos de las Panateneas de la Acrópolis de Atenas.


Los modelos de yeso que realizó Rebull, previos al tallado definitivo de la piedra, restaurados ahora adecuadamente, conservan los puntos y las anotaciones del escultor. Expuestos en la entrada del Museo de Montserrat, permiten una visión próxima e impactante, y un diálogo visual con los relieves definitivos de la fachada vistos a lo lejos.


Una vez restaurados a cargo de Policromia, equipo liderado por Pau Ramírez, la instalación de los yesos no ha estado exenta de dificultades. Ha sido necesario colocar un andamio y diseñar unos soportes a medida que, fijados en el muro de hormigón, aportan a las esculturas un sustento sólido, que se complementa con un perno (escondido a la vista) que sujeta cada pieza por la parte posterior. El objetivo de esta actuación era doble: la estética y la seguridad. La pared se ha pintado de un gris oscuro que hace resaltar el blanco de las figuras. La obra la ha ejecutado la empresa Puigdellívol, en colaboración con el equipo técnico de la Abadía de Montserrat, durante los meses de marzo y abril de 2019.


Este nuevo vestíbulo, discreto pero a la vez atractivo, compensa en parte el hecho de que el Museo padece la falta de una fachada adecuada a la importancia de sus fondos, ya que se encuentra en un espacio subterráneo bajo las plazas del santuario. Cualquier museo debe intentar seducir e invitar al público potencial que pasa por delante, y este acceso propicia una nueva sensación sugerente para que el visitante intuya que no se puede ir de Montserrat sin bajar al Museo.


El friso de monjes se ha completado con la instalación, al final de la escalera que accede al Museo, de la escultura de yeso de la Virgen Asunta. Esta pieza monumental, que afortunadamente se ha podido conservar, forma parte del mismo conjunto de Rebull y ahora da la bienvenida al visitante.


Desde el Museo de Montserrat entendemos el concepto de museo como “la casa de las Musas”, un ágora, una plaza pública donde confluyen muchas maneras de ver el mundo y de expresarlo, un lugar de encuentro y de diálogo entre pensamientos y expresiones artísticas muy diferentes, propias de creyentes de diversas religiones y también de no creyentes. Pero todos tenemos en común un concepto elevado de la persona humana que desea trascender sus límites biológicos, espaciales y temporales. Las mujeres que desafían a los vientos y se alzan hacia el infinito como son la Victoria de Samotracia –una copia de mármol que ya presidía la entrada al Museo con anterioridad– y la Virgen María Asunta, son emblemáticas del MDM. Precisamente en esta actuación también se ha realizado una nueva peana especial para la Victoria de Samotracia, imitando el mascarón de proa de un barco, que contrasta con el cuadro de grandes dimensiones del pintor Josep Niebla titulado Dios.


El proyecto se ha complementado con la sustitución de una parte de la imagen gráfica del vestíbulo. En este sentido, hay un nuevo elemento de texto que explica el sentido simbólico de los yesos. También se ha sustituido el tótem exterior por una gran imagen de la Madeleine de Ramon Casas, y los paneles que anuncian las exposiciones temporales por unos vinilos en las puertas de cristal del Museo. La parte gráfica y la iluminación se acabaron a principios de junio.


La Fundación “la Caixa”, en colaboración con el Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya, ha sufragado parte de esta reforma.