Exposiciones actuales

Josep Niebla

La pintura como reflejo de una vida

La preparación de esta exposición, que nos ha permitido adentrarnos en la obra pictórica de Josep Niebla desde una perspectiva general, nos ha ratificado aquello que a veces podíamos intuir: que su trayectoria ha sido una carrera obstinada para explicarnos mediante la pintura todo lo que se debatía en su interior. Niebla es un artista visceral, a quien no le basta dibujar bien, pintar bien y realizar una obra que sea complaciente para el público y la crítica. Él es más ambicioso y en lo técnico y argumental siempre desea ir más allá, por eso la mayoría de sus obras nos resultan impactantes y disponen de una contundencia que incide en lo más profundo de nuestra sensibilidad.

Obsesionado en trabajar con las imágenes, de muy joven decidió formarse en una escuela de bellas artes, cosa que hizo primero en Tetuán (Marruecos), donde nació en 1945, y después en Sevilla, ciudad en la que se instaló la familia al cabo de unos años y donde él vivió hasta que en 1962 se trasladó a Cataluña, donde siguió profundizando y estudiando. Los conocimientos adquiridos le permitieron evolucionar y superar las técnicas académicas para formular un idioma iconográfico propio, que con el paso de los años ha tomado diferentes dicciones pero que no ha perdido la genuinidad de un artista que lucha y se debate por ser él mismo, y que se compromete con la sociedad en la que le ha correspondido vivir, identificándose especialmente con los contextos ideológicos y sociales que rompen con las convenciones.

Resulta interesante constatar que Niebla siempre ha creído en la pintura-pintura, de modo que cuando han aparecido corrientes deconstructivas, conceptualizantes, minimalistas o performativas, no ha claudicado sino que ha seguido explorando todavía más las posibilidades semánticas de la pintura, recurso que siempre ha usado y con el que realizó los cuadros de una primera etapa expresionista, a la que siguió otra que podríamos llamar de realismo crítico, en la que hacía grabados que se identifican con las reclamaciones de la Estampa Popular. Después empezó diversas líneas de trabajo, a las que volverá sucesivamente: las macrovisiones de la bravura del mar, las pinturas netamente abstractas en que predominan el gesto, la pincelada impulsiva, los campos de color y la materia, y un particular desarrollo de las letras del alfabeto como elementos modulables y transformables. Esta línea de trabajo se inició con aquel “Diguem no” inspirado en Raimon, que en 1975 ganó el primer premio de la I Bienal Internacional de Pintura Contemporánea de Barcelona. Este premio dio a conocer a Niebla en la escena catalana y le supuso el inicio del camino en una práctica que tuvo múltiples variables, en aquello que los americanos denominaron hard edge (con límites bien definidos) y soft edge (sin límites concretos), es decir, recursos pictóricos que utilizan tanto elementos geométricos delimitados como campos difusos de colores. Y quizás es en estas transiciones donde Niebla consigue los momentos más contundentes de su pintura, tanto si se trata de superficies de formato pequeño (1m²) o muy grande (entre 5 y 8 m²).

Niebla es un pintor que ha visto mucha pintura, que ha reflexionado sobre las posibilidades de la pintura y sobre la obra de los grandes abstractos (Dubuffet, Matta, Wols, Appel, Clavé, Tàpies, Hartung, Pollock o de Kooning), que él siempre ha admirado, realizando una condensación personal de espíritu muy mediterráneo, el mismo espíritu que le atrajo hasta decidir enraizarse en el Empordà, donde realiza las que serán telas culminantes de su producción, obras en las que siempre hay una complejidad compositiva, una lucha de fuerzas, tensiones evidentes que hacen que nunca resulte repetitiva, ni en sus piezas más abstractas, ni en sus mares, en los que busca la dinámica de las aguas, no la estática.

Esta faceta pictórica no es la única que desarrolla porque también formula otras, igualmente importantes, como la reivindicativa, en ocasiones de clara protesta contra el statu quo. Le preocupan las demandas sociales, los pensadores existencialistas, el teatro del absurdo, el cine crítico, la literatura social y, sobre todo, las opresiones propias de las dictaduras. Se queja y protesta contra ellas, jamás desde el discurso fácil de los realismos socialistas sino que lo hace potenciando su lenguaje a la vez abstracto y simbólico, con el que nos habla de Mao, del Che, de Pinochet, de Comisiones Obreras… y de África. Porque Niebla no vive al margen de este mundo, vive inmerso en él, como se puede constatar en los títulos de sus obras y en los titulares y cabeceras de periódicos que él transforma en pinturas vindicativas.

No obstante, no podemos reducir la pintura de Niebla a la pintura-pintura y a la pintura reivindicativa, porque toda ella tiene un trasfondo metafísico, responde a un debate entre la vida y la muerte, repiensa el sufrimiento humano, el paisaje y el cosmos, la fugacidad de todo lo que vemos y vivimos. Y, de hecho, cuadros como De amor y soledad (1988), Último recuerdo (1991) o Dios no sabe, Dios no contesta (2009), son auténticos gemidos kierkegaardianos o preguntas de un Job que inquiere a Dios sobre el sentido de la vida.

Daniel Giralt-Miracle, comisario de la exposición